L’Or Blau

Agència Catalana de l’Aigua Domestic Data Streamers

Durante mucho tiempo, el agua se ha tratado como si fuera un recurso ilimitado y de nuestra propiedad, ignorando que en realidad se trata de un bien prestado por la naturaleza. A medida que la escasez de agua aumenta y se consolida como uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, resulta urgente prestar atención a la realidad, a menudo invisible, que rodea a su gestión y uso.

Esta exposición, encargada por la principal institución gestora del agua en Catalunya, se concibió como un espacio para comprender y replantear nuestra relación con este recurso esencial. El proyecto abordaba tanto la complejidad de su gestión a nivel local como los retos compartidos a escala global, combinando información técnica, divulgación y experiencia.

Una exposición sobre los retos del agua.

Uno de los principales objetivos fue diseñar una exposición que trascendiera el enfoque puramente científico con el que habitualmente se abordan las cuestiones medioambientales y que, en muchos casos, presenta los problemas como realidades inmutables. El planteamiento buscaba acercar el agua a una dimensión más personal y cotidiana, transmitiendo que es posible actuar tanto a nivel individual como colectivo.

Para ello, el recorrido expositivo se iniciaba invitando a las personas a reflexionar sobre su vínculo con este recurso a través de la pregunta «¿Qué es el agua para ti?». A partir de esta primera interacción, de carácter más íntimo y participativo, el espacio incorporaba información contextual que permitía comprender de forma visual y accesible el estado actual del agua, apoyándose en informes científicos y técnicos.

Las salas posteriores profundizaban, mediante experiencias didácticas, emocionales y participativas, en los procesos y sistemas que hay detrás de acciones cotidianas como abrir el grifo o consumir un producto de uso diario. El recorrido ponía el foco en los desafíos más urgentes a los que nos enfrentamos en un contexto de agravamiento de la crisis climática y crecimiento continuo de la población.

El encargo consistía en diseñar, desarrollar y producir la instalación que cerraría el recorrido de la exposición. Se trataba de la pieza final, la encargada de dejar una huella duradera en los visitantes y de reforzar el mensaje principal.

En este proyecto volví a colaborar con Joan Planas, con quien ya había trabajado anteriormente, y que se encargó de liderar la electrónica y la programación de la instalación.

El trabajo conjunto permitió integrar todos los elementos necesarios para crear una experiencia de usuario sólida y significativa. Estuvieron involucradas más de veinte personas entre equipo interno y colaboradores especializados, y durante algunos meses requirió un alto nivel de dedicación, coordinación y capacidad de resolución.

La fase de conceptualización y diseño fue especialmente intensa. Los plazos eran ajustados y cualquier decisión tomada en esta etapa condicionaba directamente el tiempo disponible para el desarrollo, la producción y las pruebas posteriores. Aun así, la instalación debía cumplir con un alto nivel de exigencia: tenía que transmitir las sensaciones solicitadas por el cliente y hacerlo de forma clara y atractiva.

Una de las decisiones clave fue la ubicación de la pieza en el espacio expositivo. Tras valorar una solución mural frente a una pieza central, y teniendo en cuenta el juego de reflejos de la luz sobre el vidrio y el agua, se optó por diseñar una instalación que llenase la parte central de la sala.

Esta decisión, óptima desde el punto de vista de la experiencia, planteó importantes retos técnicos. Al no disponer de una parte trasera oculta, todos los sistemas debían integrarse en el volumen central de la pieza.

Durante varias semanas se trabajó en el desarrollo de un sistema hidráulico capaz de almacenar aproximadamente 100 litros de agua, impulsarlos a más de 2,5 metros de altura y recuperarlos, a través de las interacciones de los visitantes, para cerrar el circuito.

Por otro lado el sistema de iluminación y las electroválvulas encargadas de controlar la caída del agua quedaban completamente visibles. Esto implicó un trabajo cuidadoso de diseño formal y de integración, asegurando que estos elementos técnicos formaran parte coherente del conjunto y reforzaran la narrativa visual.

Las piezas de vidrio, fabricadas por el artesano Ferran Collado, presentaron desafíos relevantes. Algunas, como el depósito superior, eran especialmente complejas debido a su tamaño y a la disposición de los tubos de salida. Otras, las destinadas a los cinco caminos de desagüe, planteaban un reto en términos de tolerancias, ya que el proceso artesanal no garantizaba piezas idénticas. Para resolverlo, se diseñaron elementos de unión capaces de absorber variaciones mayores a las habituales y se previó la fabricación de recambios suficientes para garantizar la viabilidad del montaje y posibles incidentes.

La estructura general se resolvió mediante un sistema tipo “jaula” con una base robusta que proporcionaba el soporte necesario para el peso del conjunto superior y que, al mismo tiempo, facilitaba el transporte y el montaje. Toda la estructura metálica fue fabricada por una empresa local que, con el tiempo, se convirtió en un proveedor habitual y de confianza.

Una vez fabricados todos los componentes, se procedió a la instalación y a una fase intensiva de pruebas. En este tipo de proyectos, disponer de tiempo suficiente para testear no solo es clave para garantizar el correcto funcionamiento, sino también para refinar la experiencia.

Ajustar con precisión los tiempos de actuación de cada componente, bombas, válvulas, iluminación y sonido, permitió afinar la narrativa y marcar la diferencia en la percepción final de la instalación.

Imágenes y vídeo de producto final: Domestic Data Streamers Otras imágenes: Óscar Pérez

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