Slowclock
Un reloj que invita a reflexionar sobre el tiempo.
Slowclock es un reloj de pared que cuestiona la importancia de la exactitud del tiempo desde el punto de vista del movimiento slow. Nos muestra la hora de una manera más próxima a la realidad cotidiana de las personas. La hora que es exactamente o el tiempo que le dedicamos a cada acción diaria son cuestiones sobre las que se debe reflexionar para no terminar sometidos al yugo de los horarios.
Este proyecto nace a partir de la aportación de distintas personas y contextos. En primer lugar, cabe destacar a Jaume Solé y Boris Puyana, con quienes se concibió por primera vez el reloj en 2010 en el marco de un workshop, y que facilitaron la posterior evolución independiente de la idea. Resulta igualmente relevante la aportación de Carmelo Pinto, profesor de sociología en Elisava, quien compartió el libro que dio origen conceptual al proyecto, Elogio de la lentitud de Carl Honoré. Mercè Núñez propuso el desarrollo de esta idea como Trabajo Final de Grado y se encargó del diseño tipográfico. Por último, Luís Molina y Roger Obiols, coleccionista y relojero respectivamente, transmitieron los conocimientos necesarios sobre mecánica relojera para poder materializar Slowclock
El proyecto combina la vertiente creativa y la vertiente técnica de la formación recibida para dar lugar a un producto en el que se pone en valor la belleza de la ingeniería. El objetivo era diseñar un reloj de pared que mostrara su mecánica de forma equilibrada y coherente, en el que la disposición de los distintos elementos adquiriera protagonismo y dotara de carácter al conjunto.
A partir de las reflexiones derivadas de la lectura del libro se definió el concepto motor del proyecto: la relativización de la importancia del tiempo. Se optó por crear una pieza que, aun mostrando el tiempo de manera exacta, conectara con una percepción más difusa y subjetiva del mismo.
Toda la estética del producto debía transmitir esa percepción difusa del tiempo, lo que dio lugar al primer requisito de diseño: el uso de una única aguja que completara una vuelta cada veinticuatro horas. De este modo, una lectura general de la hora podía realizarse desde la distancia, mientras que la lectura exacta requería una aproximación al objeto.
El segundo requisito autoimpuesto fue el desarrollo de un reloj mecánico analógico, condicionante que afectaba directamente a la estética del producto, dado que este tipo de mecanismos incorpora una serie de elementos que debían integrarse y ordenarse en la configuración formal del conjunto. Para alcanzar la disposición final se trabajó con distintas variaciones compositivas, evaluando el impacto visual de cada una de ellas.
Para el desarrollo mecánico se estudiaron diferentes tipologías de mecanismos de relojería con el fin de comprender la función de cada uno de los elementos que los componen. En la solución final se optó por un mecanismo de cuerda y péndulo, combinado con una serie de engranajes intermedios que permitieran obtener un giro completo de la aguja con una duración de veinticuatro horas.
El péndulo acciona el ancla, que libera el escape e inicia el movimiento del tren de engranajes. El escape transmite el movimiento a la primera rueda, esta a la segunda, la segunda a la tercera y finalmente a la rueda central. La rueda central se conecta por un extremo con la rueda de tiempo, que recibe la fuerza motriz de la cuerda, y por el otro extremo con la rueda de la aguja mediante una correa dentada. Esta última es la encargada de accionar la aguja única, que completa una vuelta completa en un día.
El despiece del mecanismo obligó a trabajar en distintos niveles constructivos. En el primer nivel se integraban el orificio triangular para la suspensión en pared, el sistema de cuerda y el péndulo. En el segundo nivel se disponía la mayor parte del tren de engranajes, a excepción de la correa dentada y la aguja, que se ensamblaban en un tercer nivel. Finalmente, se incorporaban la esfera con la numeración y marcas horarias y la caja exterior que cerraba el conjunto.
Para las marcas de la esfera, Mercè Núñez diseñó una tipografía numérica específica. Con el objetivo de reforzar la idea de relatividad del tiempo, se utilizaron líneas para marcar los cuartos de hora y puntos para señalar las fracciones de cinco minutos. En el cristal se incorporó un pequeño orificio que permitía dar cuerda al mecanismo.
Para el packaging del producto se diseñó una caja octogonal. En la parte frontal se serigrafiaron el nombre del producto y las marcas de la esfera, mientras que en la parte posterior se incluyó un texto explicativo del concepto que da sentido al proyecto.
El proyecto fue expuesto en distintas muestras tanto en el ámbito universitario como en espacios expositivos de la ciudad. Una empresa nacional de referencia en el sector, Nomon, encargó posteriormente un rediseño y desarrollo simplificado del concepto, que finalmente no llegó a producirse. Más adelante, Meyer Objects adquirió los derechos de explotación del diseño original.
Imágenes: Óscar Pérez